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En los últimos meses se han escuchado de varios casos de personas que son condenadas a penas de cumplimiento efectivo pero que, de manera inentendible para el común, el Juez o Tribunal libera esa persona hasta que quede firme el fallo. Muchos se preguntarán si esos jueces (garantistas) dudan de su propia decisión, o si no se dan cuenta que el condenado puede escapar, o que puede seguir delinquiendo, preguntas digamos de sentido común.
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IMAGEN ILUSTRATIVA.
Un caso concreto: El día viernes (26/09/25) en Santo Tomé familiares denunciaron que un sujeto pareja de su madre, una señora mayor, estaría abusando a su hijastra, de aproximadamente 30 años de edad con síndrome de Down.
Al menos uno de los hechos habría ocurrido concretamente el día 19 de este mes. Un rápido accionar investigativo y policial logró comprobar el caso y puso entre las rejas ese mismo día al sospechoso. Más allá de la indignación que propone el caso en sí, debemos señalar que esa sorpresa se vio multiplicada cuando se descubriera que ese sujeto poco más de una semana antes del hecho había sido condenado por un Tribunal de Juicio de Corrientes Capital, concretamente el N°2, quienes enrolados en la vereda garantista y a pesar de que la condena que imponía era a 10 años de prisión efectiva por múltiples delitos contra la integridad sexual de un menor (violaciones), dejaba libre al sujeto para que viva su vida hasta el momento en el que quede firme el fallo.
Súmele más indignación si quiere, el fallo también disponía la unificación con una condena anterior y le revocaba la libertad condicional de aquella, pero nada de ello se hacía efectivo de manera inmediata, dejando en libertad al sujeto hasta que quede firme el fallo. (10 días es el plazo para recurrir, o también para huir podemos decir?) En el supuesto que recurra, pueden pasar años y años hasta que la Corte Suprema dé por terminado el caso.
Luego se supone que el delincuente debe presentarse con su bolsito y tocar timbre en la cárcel para que lo dejen entrar para poder empezar a cumplir su condena, o pedir la domiciliaria, que también lamentablemente está de moda.



