A tres meses de su lanzamiento, el programa “Valor Producto” ya moviliza $3.500 millones y proyecta más empleo, tecnología y previsibilidad para el campo argentino. El gobierno nacional apunta a la recuperación del sector rápidamente.

A menos de tres meses de su lanzamiento, la línea de créditos “Valor Producto” para la ganadería argentina ya movilizó más de $3.500 millones en financiamiento, beneficiando a productores de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa. Esta herramienta, impulsada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), se consolida como una política clave para fortalecer el desarrollo territorial, generar empleo y promover la producción sustentable.
El programa fue diseñado para acompañar a los productores ganaderos en una etapa de reconstrucción del rodeo nacional, afectado en los últimos años por la sequía y la pérdida de vientres. Los créditos permiten financiar la compra de vaquillonas a servir o preñadas, así como la retención de terneras destinadas a convertirse en futuras madres, lo que favorece no solo el aumento del stock bovino, sino también la estabilidad de las comunidades rurales vinculadas al ciclo ganadero.
Uno de los aspectos más valorados del programa es su modalidad de pago en “kilos de novillo”, una innovación que sustituye las cuotas en dinero por un valor productivo tangible. Esto significa que cada productor conoce desde el inicio cuánta cantidad de su producción deberá destinar a cancelar el crédito, sin verse afectado por la inflación o las fluctuaciones del mercado. “Este esquema logra hablar el mismo idioma que el campo, brindando previsibilidad y confianza”, explicó Santiago Griffin, gerente del BICE.
El impacto del programa no se limita a lo financiero. Según estimaciones oficiales, las inversiones financiadas ya comenzaron a traducirse en mejoras en la productividad y la eficiencia. Los fondos se destinan no solo a animales reproductores, sino también a capital de trabajo asociado, como forrajes, fertilización y mejora de pasturas, elementos esenciales para aumentar el rendimiento por hectárea.
Este impulso llega en un momento de márgenes crecientes para la actividad ganadera. Un informe de la Dirección de Análisis Pecuario de la Secretaría de Agricultura reveló que los sistemas de cría, invernada y engorde atraviesan uno de los períodos más rentables de la última década. En promedio, los márgenes de los productores mejoraron entre un 20% y un 45% respecto del año pasado, con incrementos aún mayores en los sistemas intensivos. Esto genera un círculo virtuoso: más rentabilidad, más inversión y más empleo directo e indirecto en los pueblos del interior.
Desde el Gobierno subrayan que “cada crédito aprobado no solo impulsa la productividad, sino que consolida el arraigo y las oportunidades en el territorio”. En muchos casos, las nuevas inversiones están permitiendo que jóvenes productores permanezcan en sus campos o retornen a la actividad familiar, fortaleciendo el tejido social rural.
La línea, que ofrece préstamos en UVA con una tasa fija del 8% y plazos de hasta 60 meses (ampliables a 84 según el precio del kilo de novillo), apunta a acompañar el ciclo completo productivo. Además, incluye un período de gracia de seis meses y un tope de hasta $800 millones por empresa, lo que la hace accesible tanto para pymes como para organizaciones de producción asociativa.
A medida que el BICE continúa aprobando solicitudes, la herramienta se proyecta como un catalizador del crecimiento regional y un modelo de política pública que vincula la estabilidad económica con el desarrollo social. En palabras del subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe, “este crédito representa más que una financiación: es una forma de devolver esperanza y previsibilidad a quienes sostienen uno de los motores productivos de la Argentina”.
Con este programa, la ganadería nacional no solo busca aumentar su producción, sino también consolidar un cambio de paradigma: producir más, con mejor tecnología, más inclusión y arraigo local.
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